El valor de la familia en la vida del vicentino

Fecha de publicación: 5 abril 2019

Un reto importante en la vida de cada consocio es, sin duda, conciliar su labor vicentina con otras actividades cotidianas, propias de la vida personal. El vicentino tiene que discernir para saber equilibrar su actuación misionera con sus compromisos familiares, laborales, parroquiales… entre muchos otros.

A menudo oímos que algunos vicentinos prestan demasiada atención a los asuntos relacionados con la Conferencia y el Consejo, dejando en segundo plano la vida familiar, educativa e incluso profesional. Esto no es deseable, ya que la convivencia familiar es la base de la sociedad civil y una persona no puede ser verdaderamente feliz si no encuentra la felicidad en su familia. Ya dijo un sabio vicentino: «La Sociedad de San Vicente de Paúl se contenta con ocupar el tercer lugar en nuestras vidas, después de Dios y la familia».

Por otra parte, si no damos lo mejor de nosotros a favor del día a día en las Conferencias y los Consejos, las actividades vicentinas en favor de los más necesitados y la superación de la pobreza y el hambre pueden marchitarse y lentamente socavar la gratuidad y solidaridad que mueve nuestra «gran red de caridad». Es decir, tenemos que ser conscientes de nuestra vida personal y, al mismo tiempo, asegurar que la Sociedad de San Vicente de Paúl continúa transformando la realidad de exclusión que afecta a nuestra sociedad.

Y aquí va un mensaje especial a nuestras consocias, especialmente a aquellas que han vivido la bendición de ser madres: tienes una doble tarea, ya que te requieren en el hogar y en el trabajo, teniendo que superar desafíos las 24 horas del día. Vosotras, que todavía sois consocias, sois realmente unas triunfadoras y merecéis nuestro aplauso. Gracias a la docilidad de las consocias, las conferencias han obtenido muchos éxitos.

Por último, es importante recordar el llamamiento que el inolvidable Papa Juan Pablo II hizo a los vicentinos: «ha llegado la hora de una nueva creatividad de la caridad»[1]. El entonces presidente internacional[2] de la Sociedad de San Vicente de Paúl afirmó que todos los consocios deben de ser «vicentinos las 24 horas del día». El «vicentino las 24 horas» es aquel que cumple todas las obligaciones previstas en la Regla y lleva a su vida personal el carisma de san Vicente y de Ozanam: la caridad ininterrumpida, la humildad y la solidaridad.

La caridad empieza en casa. Solo podemos ser verdaderamente vicentinos si comenzamos nuestra acción caritativa en nuestros hogares, con nuestra familia, nuestros amigos, nuestros empleados domésticos, parientes y conocidos, compañeros de trabajo… Solo después de así hacerlo seremos capaces de pensar en practicar la caridad. «Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos han ofendido»[3].

Renato Lima de Oliveira
16º Presidente General de la Sociedad de San Vicente de Paúl

 

[1]     Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II al Comité Internacional de Coordinación de la Sociedad de San Vicente de Paúl, en el Vaticano, el 14 de febrero de 2001.

[2]     Consocio José Ramón Díaz-Torremocha.

[3]     Mt 15, 23.

 

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