El valor de la visita a la casa del pobre

Fecha de publicación: 5 marzo 2019

 

«Os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros»[1].

En cierta ocasión, el Papa Pablo VI dijo: «La Sociedad de San Vicente de Paúl es la escuela en donde se aprende y practica la caridad»[2]. Por supuesto, una afirmación como esta no la hace un Sumo Pontífice en cualquier momento. Pablo VI, con esta declaración, destacó el trabajo de la Sociedad de San Vicente de Paúl y mostró a sus miembros que su tarea es una de las más nobles.

 

De acuerdo con nuestra Regla, el trípode de la espiritualidad vicentina se centra en la Biblia, la oración y las enseñanzas de la Iglesia. Y yo añadiría: en la vida y obra de san Vicente de Paúl, del beato Antonio Federico Ozanam y en el extraordinario ejemplo de la Virgen, modelo de mujer y madre.

San Vicente de Paúl, nuestro patrón, maestro e inspirador, predicó que la espiritualidad residía en dos factores: en imitar a nuestro Señor Jesucristo y confiar en la Providencia[3]. Para imitar a Cristo, Vicente enseñaba a sus amigos: Miren a Jesús y traten de imitarlo. Luego pregúntense lo que Cristo haría en su lugar, frente a tal circunstancia. En cuanto a la providencia de Dios, el santo patrón de las obras de caridad dijo: Entreguemos todo a la sabia Providencia Divina. Tengo una especial devoción en seguirla. ¿Cuántas veces, en nuestras conferencias, Dios ha suplido las necesidades más básicas?

La lista de virtudes enumeradas por san Vicente, que forman parte también de la espiritualidad de todo cristiano, es amplia: caridad, humildad, paciencia y obediencia. Hay una falsa humildad que se asemeja a la ingratitud, y la ingratitud es el crimen de los crímenes[4], escribió en una de sus 30.000 cartas a amigos, familiares, religiosos y seguidores. Sin embargo, el objeto de la espiritualidad vicentina es el pobre al que asistimos.

Para que nuestra acción no se confunda con mera filantropía o asistencialismo, es necesario que los miembros de la Sociedad de San Vicente de Paúl estén conectados con Dios a través de una intensa vida espiritual. Tenemos la gracia de poder mejorar espiritualmente mediante la práctica de la caridad y la santificación personal. Somos parte de una organización que une la oración y la acción.

Del mismo modo que vemos a Cristo en el rostro de las personas a las que asistimos, los pobres a los que visitamos deben ver las facciones de Cristo en nuestros rostros. Este ejercicio implica ser constantes y perseverantes. Dios nos dejó un camino santo para nuestra salvación: la Sociedad de San Vicente de Paúl. Por eso, hemos de vivir nuestra espiritualidad las 24 horas al día, en todo tiempo y lugar. Jesús dijo: «El que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún»[5].

¿Nos detenemos, en alguna ocasión, a reflexionar sobre la visita que realizamos a nuestros asistidos? Es una especie de sacramento, ya que vamos al encuentro de Jesús por medio de los más necesitados, de la misma manera que lo encontramos en la Hostia consagrada, en la Santa Eucaristía. Aquí está el centro de la espiritualidad vicentina.

Renato Lima de Oliveira
16º Presidente General de la Sociedad de San Vicente de Paúl

[1]     Jn 13, 15.

[2]     Cf. Alocución del Santo Padre Pablo VI a las Conferencias de San Vicente de Paúl. Lunes, 9 de noviembre de 1964.

[3]     Cf. SVP IX, Conferencia 97: Sobre la confianza en la Providencia.

[4]     Cf. SVP III, carta 889: A Juan Bourdet, Superior De Saint-Meen.

[5]     Jn 14, 12.

 

 

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